sábado, 8 de abril de 2017

Segundo libro ya impreso: "El laberinto del tiempo"

Con fecha: 5 - 3 - 17, presenté la segunda parte: "El laberinto del tiempo" y a su vez la tercera edición del primero: Nhartep, destino final. En el local: Sociedad Musical, Poblados Maritimos. Tengo que agradecer la masiva asistencia y todo su apoyo.
Actualmente estamos en la promocion de los dos libros. Ya avisaré por mi blog de las entrevistas que me harán en breve y de la fecha en que los dos libros serán publicados digitalmente en Amazon.
Mi máxima gratitud por todo vuestro apoyo. Pero ahora más que nunca necesito mucha ayuda en promocionar los libros, puesto que en este momento me van apoyar al máximo y tengo que demostrar que el libro gusta, se recomienda y tiene ventas. Que es lo que se mide el éxito en un libro. GRACIAS DE CORAZÓN. Sebastián de la Torre Bados.

Una parte del primer capitulo de mi primer libro premidado que publiqué: "Nhartep, destino final". Actualemtne en su tercera edición.



PRÓLOGO



            El hombre, desde el principio de los tiempos no ha cesado de alimentar su curiosidad sobre todas las cosas que le rodean. Ha investigado y aprendido a utilizar la naturaleza para su propia satisfacción, sin pensar en el perjuicio de la misma.
            Ha avanzado por medio de la ciencia y la tecnología de una manera positiva pero también en el camino equivocado; y ahora ya no hay vuelta atrás.
            La tecnología está prioritariamente por encima de la filosofía y de la espiritualidad, sin evitar el resultado negativo de la contaminación que produce la misma, si no es bien empleada.
            ¿Cuál es el horizonte de la humanidad, si los objetivos primordiales consisten en almacenar poder y bienes, aparentar más de lo que uno tiene, obtener favores a cualquier precio, destruir y construir sin atenerse a consecuencias, perder la dignidad por conquistar lo que es ajeno, educar a los hijos sin valores de referencia y no tomar conciencia de que un día, cualquier día, el menos pensado, la naturaleza, para empezar, se vengará del hombre?
            La mentalidad de ir más allá de su sabiduría es ciega; ya no se conforma con descubrir los misterios de nuestro planeta, si no que desea buscarlos fuera de este mundo.
            ¡Claro que hay vida en otros mundos!; cómo no, en un Universo infinito con miles de millones de galaxias con sus respectivos planetas es bastante egoísta el pensar que somos “los únicos”.
            ¡Cesen de mirar hacia el cosmos!, es inútil que busquen tan lejos el secreto del origen del Universo, pues no estamos en el nivel evolutivo preparado para desvelarlo. Observemos nuestro propio mundo, estudiemos nuestro cuerpo, y nos daremos cuenta que está todo muy relacionado; puesto que estamos creados de diferentes formas de vida y pequeños microcosmos, que al mismo tiempo, forman parte de nosotros,  y se mueven en perfecta armonía.
            Dejemos de ser egoístas y utilizar nuestro Planeta a nuestro antojo, y cuidemos tanto de nuestro crecimiento interior, como de nuestro propio planeta que, tristemente herido está de muerte.
            Hay una pequeña esperanza, podemos curar esa herida, ¡aún nos queda tiempo!

En relación a la psicología y los poderes de la mente, se ha demostrado que mediante estos estudios, la gran mayoría de las experiencias paranormales están explicadas con el poder de la mente. A pesar de todo lo que pueda reprocharse a la parapsicología, por su carácter fronterizo y su incapacidad, hasta el momento, para edificar una sólida teoría científica, no cabe duda de que cuarenta años han arrojado bastante luz sobre los aspectos más desconocidos y desconcertantes de la mente humana. No sabemos qué futuro aguarda. Sin embargo, en vista del nuevo paradigma que se vislumbra en el horizonte científico, sobre todo en los dominios de la física moderna, que cuestiona la existencia de un mundo objetivo a escala subatómico y plantea posibles realidades alternativas, regidas por las leyes de probabilidad y no de casualidad. Afirmaba Heisnberg que “cuando llegamos a nivel atómico, el mundo objetivo del tiempo y el espacio ya no existe y los símbolos matemáticos de la física teórica sólo se refieren a posibilidades, no a hechos”. Cabe esperar, por papel importante para esclarecer el estrecho vínculo que existe entre el factor psi y la materia, entre otras cosas. Muchos físicos cuánticos, como el Premio Nobel Brian Josephson, prestan seria atención a lo paranormal y muestran todo su apoyo a la parapsicología.
Si algo hemos aprendido, gracias a esta legítima, aunque vapuleada disciplina, es que los hechos, por muy extraordinarios que nos parezcan, deben estudiarse sin ideas preconcebidas. Es la única manera de hacer verdadera ciencia






NHARTER: DESTINO FINAL


            Esta novela de ficción, y aventuras narra las experiencias de un personaje actual, Ernesto; el cual, accidentalmente, se ve transportado en un viaje por el tiempo, hasta llegar al futuro de una humanidad mucho más avanzada, mental y espiritualmente; donde nuestro protagonista se tiene que adaptar y sobrevivir en un mundo en el que se evita a seres genéticamente menos evolucionados; pero no por ello se acaba con la vida de estos, si no, que les ayudan en su adaptación.
           
Con la ayuda de Shieska, nuestro protagonista se tiene que adaptar a un mundo diferente, con una fauna animal muy distinta, una nueva cultura, lenguaje, etc.
            Ernesto tendrá el privilegio de conocer la existencia de otros planetas habitados, mundos paralelos. El origen del hombre, mucho más remoto de lo que él pensaba, y con cientos de civilizaciones muy avanzadas con miles de años de antigüedad. Razonará sobre nuestra vida actual con todas sus imperfecciones. Comprobará, como esta civilización, ha multiplicado por tres el poder de la mente, las energías negativas y positivas, los planos astrales, las religiones y qué hay más allá de la muerte.
¿Es posible una civilización: sin guerra, odio, egoísmo, envidia y codicia?
            ¿Dónde no exista el materialismo y una sociedad de consumo?
            ¿Con una tecnología que no contamine los ecosistemas, su ecología y que mantenga una atmósfera limpia y sana?
            ¿Sería factible un mundo así sin pecar de utopía?
            Sí, con una sociedad, que evolucione potenciando el poder de la mente, el poder de la fe, perfeccionando su propio espíritu.
           



*Relación de protagonistas y traducción del Arkeep en páginas finales.

CAPITULO 1

“LA NATURALEZA POSÉE TRES PODERES: EL EQUILIBRIO, LA BELLEZA Y LA DESTRUCCIÓN.
EL HOMBRE POSÉE TRES PODERES: INTELIGENCIA PARA ROMPER LOS EQUILIBRIOS, HABILIDAD PARA ACABAR CON LA BELLEZA y CAPACIDAD PARA CONSEGUIR SU AUTODESTRUCCIÓN”


SEBASTIÁN DE LA TORRE BADOS





Valencia, Marzo del siglo XXI


            Ernesto, es profesor en el Instituto de F.P. Programación informática de la Comunidad Valenciana. Tiene 34 años. Alto, metro ochenta, esbelto y atlético de gimnasio; moreno, pelo corto con un flequillo que le cae ligeramente por la frente. Utiliza gafas de vista pues tiene una dioptría de miopía, sin desmejorar para nada esos brillantes ojos verdes.
            Para todos, las clases terminaban ese viernes. Y él había decidido irse de puente cinco días a la nieve con su mejor amigo Jorge, de 35 años y su novia María, de 32 y además con una encantadora mujer llamada Esther de 33 (la había conocido tan solo unos días antes, y ya había una cierta conexión entre ellos, que aventuraba una bonita relación de pareja) Ernesto, llegaría el primero a un caserón prestado por sus tíos, situado privilegiadamente entre el pueblo y la estación de esquí de La Virgen de la Vega, Jorge y María llegarían más tarde por cuestión de trabajo; y con ellos subiría Esther  (que había estado de cumpleaños de su sobrina) Tenían previsto llegar antes de la cena.
            Ernesto, conducía un Ford Focus rojo; llegó sin imprevistos a las cinco y media a la masía (estaba situada a unos dos kilómetros del pueblo) era inmensa, destacaba en lo alto del pueblo, según se subía por la carretera a mano izquierda, se divisa una solitaria casa rodeada de muchos árboles. La fachada era de piedra rústica, con puertas y ventanas de roble, pintadas de color rojo oscuro; tenía dos alturas además de la planta baja, con un patio de 80 metros cuadrados, cubierto por una parra enorme y vieja, que extendía sus ramificaciones retorcidas y arrugadas a lo largo de todo el parral, cayendo sus ramas por los lados y extendiéndose por la pared de la masía.
            Ernesto, estaba en la cocina guardando los comestibles en la nevera, cuando un relámpago iluminó la misma, como si el propio astro sol la hubiese invadido con su luz; un segundo después estalló un trueno espantoso.
            —¡Uahh, tenemos la tormenta encima! –pensó Ernesto–. Y justo cuando decía la última palabra, comenzó a caer un aguacero “¡Me parece que se nos ha estropeado el día, y además las puertas de la cochera están abiertas! Debería de cerrarlas para que no entre el agua, puesto que la leña se podría estropear”.
            Seguidamente, cogió el impermeable amarillo con un gorro del mismo color, y salió rápidamente hacia la salida. Se tuvo que detener cuando la fría lluvia le fustigó el rostro. Subiéndose el cuello del impermeable y agarrando con fuerza el gorro, se fue corriendo hacia la cochera. Pero algo inesperado cambiaría el rumbo de su vida. Al pasar justo a la altura de un almendro, increíblemente, cayeron dos rayos con un intervalo de un segundo entre uno y el otro. El primero impactó en el almendro, con lo que él salió despedido hacia atrás cayendo al suelo; en ese instante. El segundo impactó justo en el lugar hacia donde él se precipitaba, con la gran suerte, que en el momento que el rayo descargaba su energía, él caía al duro suelo chamuscado. No recibió el impacto de la descomunal potencia del rayo, de puro milagro.
            Las leyes de la casuística, en ese momento dejaron de existir, rompió con la ley de la probabilidad. No recibió la descarga, pero sí se sintió morir. Notó un fogonazo de luz cegadora que quemaba sus ojos, los apretó con fuerza; su cuerpo se estremeció hasta el más mínimo de sus átomos, parecía que iba a estallar de un momento a otro en mil pedazos. Estaba al límite de su resistencia. Gritaba sin oír su voz
            —¡Basta ya, me duele! ¡No aguanto más! ¡Por favor, Dios mío! –en ese mismo instante terminó tan dolorosa sensación.
            Se vio rodando por el suelo unos segundos, para después quedarse inmóvil. Le zumbaban los oídos. Fue abriendo lentamente los ojos, sentía dolor, mucho dolor, demasiada luz quemándole los ojos. Se tapó la cara con ambas manos. Se mantuvo así quieto, sin saber cuánto tiempo. Fue bajando las manos, poco a poco, hasta dejar los ojos libres y abiertos, ya no le dolían ¡Estaba vivo! Sin embargo estaba temblando de frío, parecía que tenía restos de escarcha sobre su piel. Las ropas estaban completamente mojadas. Por suerte no tenía rastro de quemadura alguna.
            —¿Qué me ha sucedido? –pensó desconcertado.
            Miró a su alrededor. Parecía una selva. Hierba, piedras, árboles que no estaban antes en ese lugar. Desvío su mirada al cielo, era de un azul muy intenso, brillante, extrañamente nítido, con algunas nubes solitarias blancas como el algodón. Nunca en toda su vida había contemplado algo tan hermoso. Desvió la mirada ahora hacia el sol, sintió dolor en los ojos, pues brillaba demasiado, se tapó los ojos presionándoselos varias veces. Encontrándose aturdido, miró a su alrededor, no conocía nada de ese lugar. Estaba rodeado de una increíble vegetación, parecía realmente una selva virgen.
            —¿Estoy soñando? ¡quiero despertar! ¿dónde estoy?, ¡ayudadme por favor, ayudadmeeee! –Ernesto, todavía aturdido, movía la cabeza. No se lo podía creer. Estaba loco, soñando o era una inconcebible realidad. ¿Dónde se encontraba? ¿Qué lugar era éste?
            Miró al horizonte, se asustó, todo su ser se estremecía de terror. Vio en la lejanía, justo en el límite entre la tierra y el cielo, una especie de gran tormenta muy extraña, con una especie de aurora con varios colores: verde, naranja, escarlata, gris y un rarísimo negro-azul. A intervalos de unos tres segundos, se podían observar unas grandes descargas de energía que emergían de lo que parecía una tormenta. Sentía mucho miedo, estaba paralizado, preguntándose si este fenómeno se acercaba o se alejaba de él...
            —¿Dónde estoy? ¿hay alguien que me ayude? –preguntó en la soledad más absoluta.
            Entonces, sonó una voz femenina, que parecía que salía de su interior, totalmente desconocida para él...
            —Tranquilo, no tengas miedo, es un Sharker y se está alejando.
            Sobresaltado, vio la silueta de una mujer sobre un caballo, ante un sol que resurgía de una nube en un claro del cielo. Sí, era una mujer, aunque no llevase cabello en su cabeza. Su tez muy morena, de cara fina y alargada, los pómulos ligeramente marcados, las orejas suavemente puntiagudas, sus labios carnosos, y unos ojos que le llamaron mucho la atención pues eran grandes, azules y extrañamente brillantes. Era hermosa, de una belleza insólita. Vestía con un pantalón y una especie de chaqueta negra de piel curtida, con un correaje que le cruzaba por el pecho provocando que se le marcasen unos senos grandes y bien formados. De su cuello, colgaban dos collares con cuentas de colores variados combinadas en amarillo, rojo, azul y blanco. No apreció si llevaba algún tipo de arma.
            El corcel le pareció grandioso, de color blanco con manchas marrones, con la crin también de color marrón, le sorprendió ver dos pequeños cuernos superpuestos uno encima del otro, situados entre el hocico y los ojos; su plante era de una gran altura, lo que daba majestuosidad a la mujer que lo montaba.
            —¿Qué ha pasado, me ha parecido que hablabas en el interior de mi mente?
            —Sí, aquí en mi mundo, es muy normal comunicarnos telepáticamente. Pero si te tranquiliza, hablaré con mis cuerdas vocales)
            —¿Quién eres? ¿Dónde estoy? –preguntó asustado Ernesto.
            —Me llamo Shieska, del poblado de Monthar. Estas a dos shus de mi poblado. Y a juzgar por tu atuendo y lenguaje, adivino que eres un hispano y procedes del siglo XX, ¿no es así?
            —Sí, tienes razón; y ahora ¿me puedes explicar dónde demonios me encuentro o es una pesadilla?
            —Por lo visto, el Sharker te ha traído de tu mundo aquí accidentalmente.
            —¿Has dicho mi mundo? Pero... ¿en qué mundo estoy?
            —En Nhartep, digamos que es la tierra para ti. ¿Cuál es tu nombre?
            —Ernesto. Esto tiene que ser un mal sueño –pensó bastante alterado.
            —No, no es un sueño, es otra realidad de vida en un tiempo diferente al vuestro. Tienes que serenarte, te costará un poco comprenderlo, pero lo irás aceptando poco a poco.
            —¿Y cómo conoces mi idioma?
            —Porque tú, no has sido el único que ha traspasado la frontera de tu tiempo o realidad. A lo largo de tishas, es decir siglos en tu lenguaje. Han venido humanos accidentalmente como tú y hemos aprendido vuestro idioma, cultura, ciencia, etc.; además de vuestros grandes defectos y vuestro espíritu poco evolucionado. Poco a poco lo irás comprendiendo. 
            —Has hablado de hace siglos ¿en qué año estamos?
            —Pues, hablando en el lenguaje de tu tiempo y en años estamos en el año 5008.
            Ernesto se quedó perplejo y sin habla.
            —Ahora debemos irnos a toda prisa, no quiero que te vean.
            —¿A quién te refieres?
            —A mis semejantes, porque si te descubren te harán un Mentrek.
            —¿Un Men... trek?
            —Sí, es una desconexión localizada de tu cerebro, te borran tu pasado y te enseñan un nuevo futuro con nosotros; aprenderás como un niño, poco a poco toda nuestra cultura.
            —Pero, no dejarás que consigan hacerme eso ¿verdad? ¿podré regresar a mi mundo?
            —Yo, no quiero que te hagan un Mentrek, por eso quiero que te vengas conmigo.
            —No me has contestado a la segunda pregunta ¿Podré regresar algún día con los míos?
            —Ya hablaremos más tarde sobre ese tema. Ahora vamos, sube detrás rápido, y sujétate bien a Karím, es un Thorkin, pues así los llamamos.
            Se fueron cabalgando hacia el sur de la provincia de Monthar, en dirección a las montañas...
            —¡Tranquilo, ya falta poco! ¡Tenemos que tener esperanza! –gritaba Shieska por encima del sonido del galope del thorkin–, ¡en menos de un shotem estaremos en la protección de las montañas!
            —¿Qué es un shotem?
            —Es como una hora, más o menos.
            —Shieska ¿por qué tu caballo tiene cuernos?
            —Las hembras poseen dos y los machos seis.
            —¿Cuál es la razón de que tengan cuernos?
            —Los thorkins, evolucionaron salvajes durante muchos siglos; necesitando crear esos cuernos para su protección contra posibles depredadores. Te advierto, que vas a encontrar muchos animales muy diferentes de los que tú recuerdas.
            —¿Hay algún peligro?
            —No, no te preocupes, los carnívoros peligrosos nos respetan.
            Por fin, llegaron a un bosque al pie de una gran montaña, donde estarían protegidos; ese lado de la gran mole de roca estaba perforado por cuevas, huecos negros contra la luz difusa de una tarde sombría. Siguieron un camino por un sendero ligeramente inclinado. Se detuvieron frente a una gran caverna, y desmontaron del thorkin...
            —Esta montaña que has visto, se llama Ateppa, es de las más grandes de esta península. Estamos delante de antoor, o boca de la montaña. Ahora tú y yo nos introduciremos por el seetoor, por la garganta de la montaña. Tienes que ir memorizando las palabras de mi lenguaje para ir recordándolas en su momento, es muy importante.
            Shieska, se dirigió hacia la entrada de la cueva, miró hacia la derecha y se agachó, removiendo unos arbustos, sacando de estos, una especie de contenedor alargado de cristal transparente, con un líquido extraño, de oscuros tonos verdosos y algo que se movía en su interior; lo agitó, se iluminó, y sujetándolo como una antorcha, comenzó a penetrar en el interior de la cueva...
            —¡Vamos, sígueme deprisa!
            —¿A dónde vamos?
            —A mi lugar secreto. Aquí estarás a salvo.
            —¿Shieska, qué es esa cosa que nos da tanta luz?
            —Es un tartim, como una antorcha, pero sin fuego; te lo explicaré, pero tendrás que estar muy atento a todas las palabras nuevas ¿de acuerdo?
            —Sí, Shieska, tú mandas –contestó con una risa nerviosa.
            —Té noto muy nervioso, y es normal en tu situación. No te preocupes, todas tus preocupaciones se irán disipando con el tiempo. Y ahora, te voy a explicar lo que es el tartim: es un contenedor de creshy, es decir cristal, que contiene costartimins, son unos microorganismos que viven en mash, el mar. Estos microorganismos vivos producen energía procedente de sí mismos y que trasforman en luz, una luz muy potente como podrás ver.
            —Sí, es tan potente como una linterna. ¡Hace mucho frio aquí dentro!
            —No te preocupes, cuando lleguemos, encenderemos una hoguera y entrarás en calor.
            Después de caminar por varios túneles, llegaron al interior de una gran caverna de unos doce metros de altura y unos mil ochocientos metros cuadrados de extensión aproximadamente. Era un lugar hermoso, salpicado de estalactitas y estalagmitas por doquier, unas finísimas, y otras con un grosor de medio metro. En el centro, había un pequeño lago de agua dulce, de unos 100 m2, abastecido por una catarata que se precipitaba en vertical desde unos veinte metros. El agua caía con fuerza, provocando un ruido ensordecedor, que unido al eco producido, no dejaba oír ni el propio sonido de sus pasos. Cruzaron el lago caminando por encima de rocas que sobresalían del agua, facilitando un camino estrecho y totalmente natural, hasta llegar al final de la caverna. Al fondo, encontraron una pequeña fisura en la pared, era muy estrecha, se cruzaba de lado y un poco a presión. Llegaron por fin al refugio, de unos dos metros y medio de altura y treinta y cinco metros cuadrados; ahora, el sonido del agua se oía muy suavemente, casi se percibía con un sonido agradable y relajante. Las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas con libros y de muchos objetos que eran desconocidos para Ernesto. Fijó su mirada en un rincón de la cueva, vio lo que menos se esperaba encontrar: unos téjanos, una camisa, un par de zapatos y un reloj de pulsera muy antiguo. A Ernesto se le cambio la cara en ese mismo instante, y lleno de indignación pregunto...
            —¿Qué significa esto? ¿son recuerdos o trofeos de tus presas?
            —¿De mis presas, no entiendo? es mi pequeña colección, lo que ves pertenece a las personas que los Sharker traen a lo largo de tishas.
            —¡Y claro, yo también formaré parte de tu colección! ¿no?
            —No, no pienses eso, por favor –contestó ella desesperada–, yo lo que quiero, es protegerte, ayudarte y enseñarte nuestras costumbres, no quiero que te provoquen un Mentrek, es necesario conservar tu pasado, y con ello, la sabiduría de tu tiempo. Soy la única persona en este mundo que te puede ayudar, confía en mí por favor.
            —Tengo que creerte, qué remedio me queda, confiaré en ti –dijo, ya con una sonrisa en los labios, que no disimulaba su desesperación y su preocupación por lo que estaba sucediendo.
            —Ernesto, no tengo más remedio que dejarte solo, no te preocupes, iré a Monthar a por víveres, tendré que buscar alguna buena excusa para pasar por lo menos esta noche contigo y parte de la mañana. Ahora prepararé una hoguera, tenemos todo lo necesario, buena leña y un respiradero. Mira hacia arriba ¿ves?, es una fisura en el techo que se extiende por unos corredores hasta salir a la superficie, como verás, tiene buena ventilación.
            —¿Y ese sonido que se oye? ¿parece música? –era un sonido lejano que no tenía nada que ver con el sonido de la cascada. Sin embargo era sobrecogedoramente placentero.
            —Es el sonido de unas corrientes de aire, que corren por unas fisuras en las entrañas de la montaña ¿a qué es precioso? forma parte de la música de la naturaleza que nos rodea.
            —Sí, realmente, me parecía música creada por algún ser humano.
            —Por eso, elegí esta gruta para mi pequeño refugio; los ecos producidos por la cascada de agua, sumados a las corrientes de aire, producen una relajación tal, que mi conciencia se eleva hasta lo más hermoso del éxtasis. La naturaleza emite su propia música, sólo hay que saber escucharla con atención y disfrutarla.
            Shieska le preparó una buena hoguera. Pero con la diferencia que no utilizó ningún tipo de fuego. Utilizo su mente para prender una llama...
            —¿Cómo has hecho eso? –preguntó Ernesto perplejo.
            —Con el poder de mi mente, soy capaz de actuar sobre la estructura molecular de la materia, perturbándola y reorganizándola a mi antojo, en este caso lo que hago es incidir sobre las moléculas de una manera tal que se fusionan hasta producir el calor suficiente para que se encienda. Tranquilo, tendremos tiempo para que te lo explique. Lo siento, pero me tengo que marchar.
            —¡No me dejes ahora solo, por favor!
            —No te preocupes, volveré lo antes posible. Shinaap, Ernesto, así es como nos despedimos nosotros –dijo Shieska con una mano extendida y la otra pegada al corazón–, y tranquilo, que no tardaré mucho en regresar. No se te ocurra por nada del mundo intentar salir ¿de acuerdo?
            —Sí, no sufras, te haré caso. Shinaap Shieska –dijo tristemente haciendo el ademán de despedida, ella lo encontró muy gracioso, y respondió con una sonrisa.
            Shieska, antes de irse, decidió tranquilizarle al notar telepáticamente su nerviosismo. Lo miró fijamente a los ojos, dándole así un mensaje de tranquilidad. Él sintió una suave descarga de energía positiva, que invadió y recorrió todo su cuerpo; quedándose al fin con una agradable sensación de bienestar.
            —Creo presentir que tienes una necesidad fisiológica ¿verdad? —pregunto Shieska mientras sacaba de su bolsa algo que parecían unas hojas verdes.
            —¿Cómo lo has sabido? –preguntó Ernesto un poco avergonzado.
            —Ya te he dicho que tenemos la facultad de la telepatía, es decir, comunicarnos con la mente, y hasta saber lo que alguien está pensando, ¡si no lo impiden voluntariamente, claro! Lo máximo que llegamos a captar, son los pensamientos más fuertes, emocionalmente hablando. Además, los efectos de un viaje por el tiempo producen normalmente problemas intestinales. Y ahora escucha: éstas son Cho-assua, unas hojas de una planta que además de consumirlas las utilizamos para eso; te las dejo aquí para que las utilices cuando tengas que asearte. Notaras que son muy suaves y perfectas para una higiene muy íntima, y tranquilo, esos problemas cesan en un par de horas. Espero que descanses y no te preocupes, cuando menos lo esperes estaré de regreso.
            —Muchas gracias, Shieska. Te esperaré con impaciencia, puesto que en estos momentos, eres la única persona de este mundo que me puede ayudar.
            Shieska dio media vuelta y se alejó. Llevaba el tartim en su mano derecha para iluminar el camino, mientras avanzaba, el paso que dejaba tras de sí, se iba oscureciendo. El ruido que dejaba el sonido de sus pasos se hacía cada vez más silencioso, al fin, solo quedó una quietud, rota por el sonido del chisporroteo de las llamas. Él, se quedó durante unos minutos con la mirada fija en el fuego. Después, metiendo la mano en el bolsillo derecho de sus pantalones, sacó un mechero de gas y un paquete de tabaco casi entero, sintió alegría por la sorpresa, pues no recordaba que estuviesen ahí, y se encendió un cigarrillo. Mientras fumaba se quedó mirando las llamas deseando que Shieska regresara pronto. Necesitaba que ella le diese alguna respuesta a la locura que había entrado en su vida. Todo esto no tenía ningún sentido ¿Por qué tenía que haberle pasado precisamente a él?
            Shieska, se encontraba ya en el borde de la meseta de la montaña. Desde ese lugar podía divisar su pueblo natal. Ella siempre lo encontraba encantador, de los mejores de la región y del mundo. Después de contemplarlo durante unos segundos, atizó sus riendas y se dirigió al corazón de Monthar. Monthar, está situado en una extensa llanura, cuenta con cerca de quinientos mil montharis, pues así es como se les llamaba a los habitantes de Monthar. Las casas donde viven, las denominaban tharims, son bajas y con forma redondeada, separadas unas de otras con siete metros cuadrados a la redonda aproximadamente, espacio suficiente para no darse sombra ni molestarse unos a otros. Sus tejados son de color pizarra y con forma cónica, para favorecer las lluvias torrenciales. Todos los ventanales eran amplios y alargados, orientados unos al este y otros al oeste, captando así las horas del sol al máximo, de esta manera conseguían ser calientes en invierno y frescas en verano. Desde algunas de ellas, y mirando al horizonte, se podía divisar Romasheep, el gran mar del Olvido. Cabalgó entre las anchas calles de piedra, el repique de los cascos de su thorkin, sonaba entre el murmullo de las gentes que comerciaban entre sí utilizando el trueque. Una veintena de chiquillos pequeños seguían a Shieska entre gritos y risas, saludándola con entusiasmos, pues la quieren y aprecian muchísimo por lo bien que se porta con los niños; los saludó, dándoles un beso a cada uno para que se quedasen tranquilos.
            Por fin llego a su tharim, situado justo en el centro de Monthar, ésta era exactamente igual a las demás; la distribución del interior era lo único que las diferenciaba entre sí, a más familia, más habitaciones. Shieska, de 30 años, vivía con su padre Shotack, su madre Manhar y con su hermano Renstor, menor que ella, 20 años.
            En su casa, según se entraba, a la izquierda, había una cocina rústica de las que funcionaban con leña y carbón, con dos parrillas a cada lado, y un pequeño horno en el centro en forma de bóveda, donde cocían el araham (pan de harina de trigo) a la derecha y en el centro, había un Amtreka, que era el lugar donde se reunía la familia y los posibles visitantes cuando querían dialogar sobre algún tema importante. Este espacio disponía de una mesa de madera redonda y unos bancos también de madera, con respaldo a su alrededor, donde se sentaban ampliamente hasta 12 y 15 personas. A la derecha, y al fondo había un Sinaar, una especie de sillón de mimbre con cuatro patas muy cortas en forma de media luna, este era el lugar donde se meditaba y descansaba; es el sitio preferido del padre de Shieska (cuya profesión es Turem de Monthar, Representante del Pueblo), pues es un lugar de descanso y meditación. Justo en el centro, sobre el sillón, había colocada una pirámide de cartón piedra colgada del techo, que producía un nivel de energía positiva a todo aquel que se sentase debajo de ella. Se consigue un descanso total, una mejora del estado de ánimo, y una recarga de energía benefactora.
            Al fondo de la casa, atravesando un corto pasillo, había cuatro Tharims (habitaciones). Siempre tiene que haber alguna más, para una posible visita que necesite pernoctar. Las habitaciones no tienen puerta, están divididas entre sí por una cortina de lona. Al entrar, vio a su padre que estaba tumbado en el sillón; no era muy alto, de constitución delgada y lo que más destacaba de él era su prominente frente; vestía un poncho negro de seda fina y unas sandalias. Se levantó rápidamente, y mentalmente le preguntó por el Sharker; ella le contestó que no había causado daños ni desgracia alguna. Le comunicó que pensaba pasar la noche con su amiga Ainasha, y que así saldría temprano para Shanep, para dar una de sus charlas de sabiduría espiritual.
            Su padre no dudó ni un momento que lo que le estaba diciendo fuese un engaño, pues en su cultura no existe la mentira ni la desconfianza; estaba muy orgulloso de su hija, por ser la más avanzada mental y espiritualmente de la región de Monthar. 
Shieska terminó de llenar su mochila con víveres, se dirigió a su padre y le dio un cariñoso beso en la frente. Como no había visto a su madre, le preguntó por ella, su padre explicó que estaba en casa de una vecina, ayudándola a preparar un guiso especial de algas de Romasheep. No le extrañó no ver a su hermano, pues sabía que estaba en Torkap, un pueblo situado a unos cinco kilómetros al Oeste, realizando un gran Manshorep (un importante trueque entre ambos pueblos)
            Shieska, salió del pueblo en dirección a la cueva a todo galope; tenía que darse mucha prisa, pues empezaba a anochecer y no era muy conveniente cruzar el bosque en la noche. Sin contratiempos y justo cuando cerraba la noche llegó al lugar donde se encontraba Ernesto. Lo encontró dormido en un camastro, con la hoguera ya medio consumida y soñando. En su sueño estaba con Esther, ambos eran muy felices; pero de repente se vio arrastrado hacia un pozo muy negro, Caía, caía sin parar, y mientras  gritaba el nombre de Esther con todas sus fuerzas, sin embargo, no podía oír su voz; Se estaba precipitando a un abismo sin fondo...
            —¡Ernesto despierta! soy Shieska –él abrió los ojos sobresaltado y asustado, y de un tirón se incorporó, dándole un manotazo a ella en el brazo a modo de protección–, tranquilo Ernesto, soy yo, no ocurre nada, solo tenías una pesadilla.
            —Lo siento Shieska, yo, estaba soñando con, me caía por un abismo...
            —Lo comprendo, tienes todavía un shok muy fuerte, tu mente no ha podido asimilar lo que ha ocurrido. Ahora tienes que comer algo, te he traído unas cuantas cosas, espero que te gusten.
            —No tengo apetito Shieska, no sé, no me encuentro bien.
            —Sé lo que te ocurre, estás bajo los efectos del viaje en el tiempo. Además te encuentro muy bajo de moral. Relájate y túmbate, te voy a dar un poco de energía positiva y verás cómo te repones anímica y físicamente.
            Efectivamente, después de colocar Shieska sus manos, y moverlas a una distancia de cinco centímetros de la piel de Ernesto; recorría todo su cuerpo muy lentamente...
            —¿Qué, cómo te encuentras? –preguntó Shieska mientras juntaba sus manos después de terminar de aplicarle la terapia energética.
            —Parece que un poco mejor; incluso creo que siento hasta un poco de apetito.
            —¡Muy bien! han resultado efectivas mis energías positivas. Ahora vas a comer ¿te parece bien?
            —De acuerdo, confieso que sí que estoy hambriento.
            —Estupendo. Ahora observa cada utensilio que te muestre, tienes que prestar mucha atención; yo te lo iré traduciendo muy despacio ¿de acuerdo?
            —Lo intentaré.
            —No te preocupes, con paciencia lo aprenderás todo –tranquilizándolo mientras extraía los alimentos de la mochila–, esto es lota, un plato y está fabricado de cerámica; somos buenos en este modelo de arte (estos recipientes, estaban decorados con figuras geométricas, como triángulos isósceles). Las bolitas son choops, albóndigas de algas. Esto es una tortilla de verduras, compuesta de huevo, tres tipos de plantas diferentes cultivadas por nosotros mismos: harina y leche de vaca. El pan, es Araham, está elaborado de harina de trigo. Y para beber, utilizamos este envase de piel en forma de bota donde introducimos el agua; nosotros bebemos muchísima agua, puesto que es muy necesaria y beneficiosa para el cuerpo, se debe de beber aproximadamente al día unos 35 gramos de agua por cada kilo que peses.
            —Yo también acostumbro a beber unos dos litros al día.
            —Perfecto, entre dos y tres estará muy bien para ti. Bueno, te dejaré tranquilo para que comas.
            —¿No me acompañas?
            —No, no tengo apetito, gracias.
            —¿Qué es ese ruido que suena de fondo?, ¿parece como si el agua llegase hasta aquí mismo?
            —¡Ah, eso! según parece, ahí fuera tiene que estar lloviendo muchísimo, y eso repercute en las corrientes subterráneas de la montaña, pero no te preocupes el nivel de agua no subirá hasta este lugar. Aquí cuando llueve, lo hace con mucha intensidad; nuestro clima es tropical y por eso diluvia tanto; pero lo positivo de esto, es que tenemos una vegetación increíble y paradisíaca.
            —Tengo muchas ganas de poder ver lo que me dices.
            —Muy pronto lo harás –Ernesto mientras comenzaba a comer, seguía preguntando...
            —¿Shieska, los animales son similares a los de mi tiempo?
            —No. Desde que se produjo la cuarta guerra mundial el mundo ha estado casi sin el hombre durante milenios.
            —¿Cuarta Guerra Mundial?
—Sí, es una larga historia de desastres que te explicaré en otro momento.
            —¿La humanidad se exterminó?
            —No del todo, pero casi se eliminó en su totalidad, los pocos que sobrevivieron, se mantuvieron protegidos bajo las profundidades de la tierra por largos siglos; dejando a un mundo repleto de una fauna animal modificada genéticamente por culpa de la guerra atómica y radioactiva. Se transmutaron todo tipo de clase de animales, desde una simple célula, hasta grandes mamíferos; estos son los que más han evolucionado; hemos contabilizado unas 200.000 especies diferentes sólo de mamíferos. Piensa, que sin la intervención del hombre, en lugar de ir desapareciendo especies, lo que ha estado ocurriendo es que por lo contrario han ido aumentando. Existen animales de la familia de los roedores, que son muy diminutos y otros tan gigantescos como los dinosaurios.
            —¿Dinosaurios? no me lo puedo creer.
            —Lo vas a entender, en cuanto te lo explique. Como ya te he dicho antes, tenemos una vegetación enorme y variada, formando algo que lo podríamos llamar, como tres ecosistemas diferentes; el primero, la zona baja, de aquí se alimentan, los insectos y roedores; te los he puesto como ejemplo, puesto que realmente existen infinidad de animales. El segundo ecosistema, es la vegetación media, donde se mueven los animales de altura media, como es lógico. Hasta estos dos ecosistemas existen los animales herbívoros y carnívoros. Pero en el ecosistema más elevado, están los mamíferos herbívoros que han evolucionado aumentando sus cuellos y bocas adaptándolos a las alturas superiores de los cuarenta metros; los llamamos los Cho-mer; estos, durante miles de años, fueron los reyes, puesto que no existía ningún animal que compartiese con ellos las hojas más altas, y tampoco había carnívoros con el tamaño suficiente para atacarlos; de esta manera, se estaban extendiendo como una plaga peligrosa. Hasta que un día la genética de la propia naturaleza, como es tan sabia, modificó los genes de un mamífero carnívoro, haciéndolo crecer hasta equipararse a estos mamíferos en tamaño; los llamamos Rhonrros, unos carnívoros terroríficos, en el que su único menú son los cho-mer; equilibrando así el ecosistema.
            —¿Existen más animales gigantescos?
            —Existen animales más grandes en el mar, y más gigantescos todavía en las profundidades abismales. También existe un ecosistema oculto bajo tierra, donde coexiste una gran diversidad de fauna.
            —¿Cómo han llegado hasta ahí? –mientras preguntaba, terminaba de comer dejando el plato vacío y limpio.
            —Pues, introduciéndose por fisuras abiertas por terremotos, escapando de glaciaciones, de la contaminación y exterminación producida por culpa del hombre; han evolucionado de otra manera diferente, habituándose a su nueva vida. Al cabo de indeterminados siglos, el hombre se aventuró a la superficie y comenzó a convivir en un mundo nuevo para ellos.
            —¡Es increíble!
            —Sí; parece imposible, cómo animales y hombres, somos capaces de adaptarnos a cualquier medio por más inhóspito que sea.
            —Además, convivir en un mismo tiempo hombres y dinosaurios, sin destruirse el uno al otro ¡no me lo puedo creer!
            —Sí que es posible Ernesto; ya te he dicho, que cada día, irás sorprendiéndote de las cosas que descubrirás.
            —¿Y estos animales os atacan?
            —No, nos respetan. Ellos viven en su territorio, y no invaden el nuestro, lo mismo hacemos nosotros.
            —Me haría mucha ilusión poder observarlos algún día.
            —Los verás, no te preocupes; al igual que unos primates y simios que los llamamos Croks y Arcos, que tienen la peculiaridad de que caminan erguidos, y son muy inteligentes; han evolucionado muchísimo. Sabemos, que dentro de unos dos mil años conseguirán un lenguaje inteligente y parlante, capaces de crear una sociedad próspera y creativa.
            —¿Dónde están?
            —Viven en las montañas, más al sur. Ya iremos en una excursión y los veremos.
            —Fenomenal, me parece increíble. ¡Pues sí que tenía apetito! –Exclamó Ernesto mientras se sacudía las migajas–. Shieska, ahora cambiando de tema, y quiero que seas sincera y me contestes a esta pregunta, ¿podré regresar algún día a mi tiempo y con los míos?
            —Ernesto, me temía que ibas hacer esta pregunta. Y creo que ya sabes la respuesta. No, nunca más podrás volver a tu tiempo. Lo siento, pero es la cruda realidad.
            Ernesto, inmediatamente se colocó ambas manos en la cara intentando ocultar su desilusión. Desde el primer momento que tomó conciencia de que existía en un nuevo mundo, sabía que nunca volvería; sin embargo, en lo más oculto de su corazón escondía un pequeño rayo de esperanza de poder regresar con los suyos.
            Shieska descargaba sobre él, chorros de energía positiva, mientras mentalmente intentaba calmarlo y relajarlo.
            —Ernesto, ¿tú crees en mí?
            —Por el poco tiempo que nos conocemos, y sin poder constatar tus raciocinios con otro humano, no tengo más remedio. No, ahora enserio. Sí, Shieska, algo muy dentro de mí me dice que confíe plenamente en ti.
            —Entonces, cree lo que te voy a decir. En mi mundo y conmigo, tú vas a encontrar el camino de la verdad y la felicidad que siempre estabas buscando.
            —¿Cómo has sabido ese sentimiento tan íntimo? No me contestes, ya lo sé.
            —¿Te encuentras un poco mejor?
            —Creo que sí, no sé lo que me has hecho, pero sí. ¿Podrías hablarme de ti y de tu familia?
            —No sé por dónde empezar. Soy hija de Shotack, mi padre, y de Manhar, mi madre; tienen 325 y 320 beneris respectivamente.
            —¿325 años, bromeas? –interrumpió incrédulo Ernesto.
            —No, en nuestra realidad, cinco beneris equivalen a un año de vuestro tiempo, nuestro nivel de vida es cinco veces mayor que el vuestro. Además, tengo un hermano llamado Ranstor que tiene cien beneris.
            —¿Cuál es tu edad?
            —Yo tengo treinta, es decir 150 beneris.
            —Bueno, entonces te llevo cuatro, es decir veinte beneris –sonrió abiertamente Ernesto.
            —¡Muy bien, Ernesto! ya vas aprendiendo. Continúo, nuestra familia es una de las privilegiadas en Monthar. No por estatus ni por bienes, sino que simplemente somos los Turem, Representantes de nuestro pueblo.
            —Explícame eso más a fondo, que no lo entiendo, por favor.
            —El pueblo, nos eligió por ser los más ricos en conocimientos y en espíritu evolucionado. Nosotros representamos a Monthar, al igual que en los demás pueblos que eligen a otras familias para representarlos. Las funciones de los Turem son: primero, la de procurar expandir los conocimientos para los suyos, como para los demás pueblos. Segundo, comerciar, y tercero ayudar a los habitantes en los problemas importantes que necesiten una solución difícil de determinar. ¿Me sigues?
            —Por supuesto, estoy hambriento de conocimiento.
            —Te comprendo, pero tienes que tener calma, no puedes conocer toda mi cultura y mis conocimientos en un día. Necesitarás tiempo. ¿Lo comprendes, verdad?
            —Sí, Shieska, lo entiendo; no siento sueño, ¿puedes seguir hasta cuando tú quieras?
            —Mi gente son los Montharis de Monthar.
            —Y los de Shanep, Shanepis ¿no?
            —Sí, muy bien. Escucha atentamente; en nuestra realidad no existen los defectos que hay en el tuyo; como la maldad, la envidia, el rencor, la mentira y la avaricia, nadie pretende ser más que otro; el objetivo es vivir en paz, preocupándonos por superarnos a nosotros mismos enseñando y ayudando a los demás.
            —Eso suena muy bonito –interrumpió Ernesto–. ¿Esto que me cuentas es real, o es como te gustaría que fuese?
            —No, Ernesto, sé que te cuesta comprenderlo, pero sí que existe una civilización así. Y además sin guerras ni pobrezas.
            —Lo que tú me estás definiendo es el Paraíso, no puede ser cierto, es una utopía.
            —Según vayan transcurriendo los días, comprenderás que es cierto todo lo que te digo, es más, yo no te mentiría, pues aquí no existe como tal; todos vuestros defectos no los conocemos, ni en nuestra mente ni tampoco en nuestra alma.
            —Entonces, ¿por qué quieren anular mi mente, mis conocimientos, mi personalidad, mi pasado? ¿No es una contradicción?
            —Muy buena pregunta, difícil respuesta. Intentaré contestarte lo mejor posible para que lo entiendas. Este planeta, la Tierra para ti, Nhartep para nosotros, es el mismo planeta para los dos. Al igual que otros planos de vida coexisten en diferentes planos de existencia, y a diferentes niveles de realidad y evolución. ¿Hasta aquí lo entiendes?
            —No, pero sigue.
            —Bien, pues lo que sucede, es que tu plano de vida pertenece al pasado y está menos evolucionado que el nuestro...
            —¿Menos evolucionado? –interrumpió Ernesto ligeramente alterado–, ¡pero si no tenéis, por lo que me has dicho, casi nada de tecnología, comerciáis por medio del trueque, en los tiempos remotos de nuestra humanidad se comerciaba así! ¿Además tenéis coches, trenes, aviones, cohetes espaciales?
            —No sigas, veo que me va a resultar más difícil de lo que pensaba ¿Me quieres escuchar y no hablar hasta que termine? Por favor –suplicó un poco indignada.
            —Perdóname Shieska, no te interrumpiré más, sigue tu explicación.
            —Tranquilo, no pasa nada, piensa, que nunca he tenido esta clase de conversación con nadie, y menos con una persona como tú, que viene de un lugar tan distinto.
            —A propósito, un inciso y perdona que te interrumpa. Cuando nos conocimos, adivinaste que era un hispano pero no acertaste con el siglo al que pertenecía.
            —¿No me digas, y a qué siglo perteneces? –preguntó sorprendida.
            —Pues al siglo XXI y además me gustaría saber, ¿por qué has llegado a la conclusión de que soy un hispano?
            —Referente al siglo, perdóname –sonrió Shieska–, pues no soy perfecta y sobre ¿cómo sabía que eres un hispano? muy fácil, tu lenguaje lo conozco porque, introduciéndome en tu mente soy capaz de descifrar los impulsos eléctricos que se envían al cerebro para su interpretación. Es un poco complicado de explicar, pero ya lo entenderás en su momento. Después de esta pequeña interrupción volvamos al principio. La ciencia de una civilización, aunque sea más avanzada tecnológicamente, no quiere decir que sea más evolucionada que otra que no siguió por el camino de la tecnología. Intentaré razonártelo. Durante siglos, el hombre lo único que ha hecho es ir aprendiendo a dominar la naturaleza e inventar utensilios para su comodidad. Ha ingeniado máquinas para llegar más rápido y más lejos a los rincones más recónditos del planeta. Pero la humanidad, con una tecnología tan avanzada, debió prever que podían existir reacciones y resultados adversos, como la contaminación del medio ambiente. Que la atmósfera sufriría cambios. Como que la capa de ozono cada año sería más débil, que el CO2, CFC y las moléculas de metales pesados, provocarían una atmósfera cada vez más densa y tóxica.
            –Shieska ¿Pero cómo sabes tú todos esos datos? Capa de ozono, CFC etc. ¿Dónde los has oído?
            —Dispongo de unos archivos muy antiguos, que he podido rescatar, y por lo que yo creo, son los únicos que quedan en Nhartep, y sólo los conservo yo en el máximo secreto. Sigo con la explicación... ¿Por dónde iba?
            —Por lo de la atmósfera muy contaminada, y...
            —Gracias, continúo. Producto de las causas de la contaminación dio como resultado a las lluvias ácidas, y no digamos de los desastres naturales: huracanes, maremotos, terremotos, etc. Estos, cada año eran más desastrosos y destructivos. Como verás, todo repercute, es una cadena. La temperatura subió en un año como en cincuenta siglos ¿te das cuenta?
            —Sí, gran parte de lo que has dicho, ya estaba sucediendo. No entiendo la locura de los hombres, y nos creemos más inteligentes que el resto de los animales –comentó lastimosamente.
            —Tienes toda la razón, pero tiene una explicación científica. La evolución que ha sufrido el cerebro del hombre del pasado hasta llegar al de tu tiempo, no fue la correcta, pues ha provocado una transformación en los dos hemisferios del cerebro; el hemisferio derecho, además de millones de funciones, rige las emociones. Y en el izquierdo reina la abstracción, al igual que lo material. Vuestra civilización contemporánea, ha desarrollado más el izquierdo, aquí está la cuestión ¿cuál ha de predominar más? ninguno, tiene que haber un equilibrio, y en vuestro caso se ha roto. Pero lo peor de todo, es que este desequilibrio desencadena factores desastrosos que corrompen vuestro cerebro, y cómo no, el alma; como por ejemplo: el egoísmo, el odio, la envidia, el materialismo. Así seguiría, pero la lista sería muy larga.
            —¿Cómo se puede evitar esto? ¿Existe alguna solución?
            —Antes de contestarte, ¿qué te parece si ponemos más leña al fuego, y dejo preparado mi camastro para dormir? Así lo tenemos ya listo para cuando nos entre el sueño
            Se prepararon los camastros y pusieron más leña. Pronto estuvieron los dos sentados ante la hoguera. Ernesto preguntó...
            —Creo que me quedé con una pregunta: ¿existe alguna fórmula para solucionar los problemas de mi civilización?
            —No, no hay ni solución ni marcha atrás. Tu evolución está en el límite del caos. Se producirá una devastación, pero ésta no será producida por una sola cosa, sino por los desastres naturales encadenados, y los desastres producidos por el hombre. Como las guerras. Sin embargo, el planeta no se destruirá. Habrá acabado una civilización incorrecta y poco evolucionada. Seguidamente, de las cenizas, los supervivientes procrearán y construirán un nuevo mundo, un mundo mucho más perfecto ¡Cómo Nhartep! Los genes de esta nueva humanidad, habrán anulado a los que no son correctos, para sustituirlos por otros, y poder así, crear una sociedad más perfecta; donde se preocuparán de desarrollar el poder del cerebro hasta tres veces el rendimiento que vosotros poseéis y utilizarlo para su bien, al igual que para el crecimiento de su alma. ¡Nosotros somos esa civilización avanzada! ¡Somos el Futuro! ¿Lo comprendes ahora? –Ernesto se quedó boquiabierto, atónito, no le salían las palabras.
            —Sí, Shieska, lo comprendo. Nunca antes nadie me había hablado de esta manera, con tanto raciocinio del presente y del futuro de mi mundo, nunca lo había razonado desde el punto de vista del que tú me has dado.
            —Ernesto. No es un punto de vista, es la cruda realidad, ¿lo entiendes?
            —Bien, comprendido. Pero, yo tengo una duda, que aún no me has explicado.
            —¿Qué duda?
            —¿Por qué tu gente me quiere dejar estéril, y además quiere hacerme el Mentrek? ¿No es una contradicción, para una civilización tan perfecta como la vuestra?
            —Sí y no. Me explico. Tú no perteneces a este mundo, por lo menos al mundo de este tiempo, posees unos genes diferentes, puedes ser portador de bacterias y virus, muy desastrosos para nosotros. Si llegases a tener descendencia con alguna de nosotras, se fusionarían genes poco evolucionados con unos más superiores, sería el inicio de una población diferente o genéticamente incorrecta, un paso hacia atrás en la escala de la evolución. La armonía de este mundo se rompería.
            —Todo eso lo provocaría una sola persona como yo.
            —Sí, puesto que iría afectando a las generaciones posteriores, por eso hacen lo que hacen con los seres que como tú, que aparecen de otros planos. Es una especie de esterilización de tu sexo. No dispondrás de esperma nunca más. –Ernesto al oír esto le cambió la cara con un gesto de preocupación–. Ernesto, sé que es injusto, igual de inaceptable que el que te provoque un Mentrek. Yo no comparto esos medios preventivos, pero es la única manera de que no afectes a nuestra forma de vida, sin que tengamos que apagar la tuya –Shieska se calló y durante unos segundos, y mientras reflexionaba lo miró profundamente a los ojos, después prosiguió–. Como verás, es el único defecto de mi mundo, aún nos falta un poco más en la escala de la evolución. Pero, te repito que mientras estés a mi lado y bien escondido, no tendrás de que preocuparte.
            —Shieska, ¿qué le has dicho a tu familia para poder estar conmigo? ¿No sospecharán nada?
            —Tranquilo, les he dicho que estaría con mi amiga Ainasha, y que mañana me dirigiré a Shanep, un pueblo a unos cinco shus de aquí, es decir, a uno cinco kilómetros más o menos.
            —Pero, ¿te has dado cuenta de que has mentido, que realmente no deberías haber podido?
            —¡Por el Rossthar! Tienes razón, es la primera vez en mi vida que cometo tal agravio, yo... desconocía que tenía tal habilidad en mi cerebro.
            —Lo has hecho por mí, te doy las gracias Shieska –se cogieron de la mano el uno al otro, mirándose los dos con aire de culpabilidad.
            —Ernesto. Ya he hablado bastante por ahora. Háblame un poco de ti, de tu vida en tu tiempo.
            —¿Mi vida pasada? es muy diferente a la tuya, y por lo que sé, mucho más difícil. Veamos... tengo treinta y cuatro años, como ya te he dicho. Tengo solo padre, pues mi madre falleció cuando yo tenía dieciocho años. No tengo hermanos, soy hijo único. Mi padre Francisco, vive recientemente con una mujer, un poco más joven que él. Espero que le haga muy feliz, lo deseo de corazón. Tenía un trabajo, era profesor de informática...
            —¿Eso sería muy importante en tu mundo? –interrumpió Shieska–, ¡pues aquí enseñar conocimientos a los demás es un deber y un orgullo!
            —No, mi trabajo no era tan importante, es un eslabón más en la cadena de la enseñanza.
            —¿Tenías mujer?
            —Pero, te quieres relajar –sonrió Ernesto meneando la cabeza de un lado a otro–, yo estoy hablando ahora, y tú tienes que escuchar sin avasallarme a preguntas, ¿de acuerdo?
            —Comprendido, pero ¿tenías mujer? –ahora sonrieron los dos.
            —No, no tengo mujer. Solo creo... que he dejado al otro lado, una mujer muy especial, una mujer, que en solo dos días, me ha hecho sentirme muy bien.
            —¿La quieres mucho?
            —Realmente estaba comenzando a sentirme atraído por ella, pero, ahora... está muy lejos de mí. Y tú me has dicho que es imposible regresar a mi tiempo. Entonces, tengo que olvidarme de ella, ¿no?
            —Lo siento Ernesto, pero tendrás que olvidarte de ella y de muchas cosas más. Pero, sigue contándome parte de tu vida, por favor.
            —Conocí muy joven a la primera y única mujer en todos esos años, Susana. Nos veíamos día a día, nos queríamos; primero, como los mejores amigos y después como los mejores amantes. Ella murió en un trágico accidente de tráfico. Lo pasé muy mal. Pensé incluso en suicidarme.
            —¿Suicidarte?
            —Sí, acabar con mi vida, matarme.
            —¿Por qué? ¿no lo puedo entender?
            —Ya sé que no lo puedes comprender; en nuestra vida, le damos mucha importancia a los problemas, y en lugar de enfrentarnos a ellos, nos rendimos, enfermamos mentalmente, o terminamos con nuestra vida.
            —Sois muy raros.
            —Somos horriblemente raros y malos.
            —Es vuestro modo de vida, supongo que lo hacéis inconscientemente.
            —¿Inconscientemente? yo creo que no, lo que pasa es que en mi mundo están todos muy locos. Nos complicamos la vida de tal manera que no somos capaces de saborear ni disfrutar la vida. Muy pocos aprendemos a saber vivir mejor.
            —¿Qué me dices de tus gobiernos?
            —Prefiero no hablar, es la gran mentira representando a los países, solo piensan en el poder y enriquecer sus bolsillos, demostrando que para conseguirlo todo vale: artimañas, denuncias, desafíos, corrupción, silencios, increpaciones, injurias, calumnias, prohibiciones, tratos de favor, etc.  La ecología y el futuro del hombre, están como unos de los últimos objetivos. La igualdad de derechos está dentro de las leyes pero no se cumple. Y, además, existe mucho racismo entre las culturas y los estatus. La pobreza y los muertos de hambre se cuentan por millones, por centenares de millones. Entre todos ellos hay muchos niños.
            —¿Por qué no ayudan los países a esas pobres gentes y a esos indefensos niños?
            —Sí, claro que ayudan, pero esta es mínima e insuficiente. Los países destinan un 0,4 o un 0,5 de su capital interno, y no todos, como ayuda a los países pobres. Sin embargo, esto es muy poco, no sirve casi para nada. Dona más la gente pobre trabajadora con menos recursos, que el propio Estado. Hay un sentimiento de solidaridad, cuando existen problemas muy graves; pero es una falsa solidaridad, puesto que ese sentimiento nace cuando nos bombardean de publicidad, en el momento que ésta cesa ya nadie se acuerda de los demás.
            —Aquí, en mi mundo –interrumpió Shieska–, no existe la pobreza, ni nadie se muere de hambre.
            —¿Cómo lo lográis?
            —Pues es muy fácil. Cada país, cada pueblo, según su estado de clima, tierra, o si viven o no cerca del mar, tiene una variedad diferente de cultivo, de ganadería, o de pesca. Aquí, no existe la moneda, ni una política gubernamental. Sólo existen unos representantes de cada pueblo, que se reúnen cuando ocurren problemas en nuestras regiones. Y en el ámbito continental, si es más grave. También se procura que no exista ningún pedazo de tierra estéril. Con esto, se asegura que habrá suficiente cultivo, ganadería y pesca capaz de abastecer a todo Nhartep. Y, por supuesto, disponer de unas reservas para posibles desastres ecológicos. Piensa, Ernesto, que por lo que sé, en tu tiempo existía demasiada desertización, había enormes extensiones incultivables, grandes mares y ríos contaminados. Es normal que tu gente se muera de hambre, en un lugar donde rige el egoísmo.
            —Shieska, en estos momentos, me has hecho sentir vergüenza de mi mundo y de mí mismo.
            —Te entiendo, pero tu tiempo podía ser igual de hermoso que el mío. No todas las personas pensaban igual. No se dejaron influir por esos graves defectos. El amor y el sentido común lo tienen por ley. Pero solos, no pueden cambiar todo su planeta. Se limitan, pues, a defender y ayudar a sus semejantes, sin ánimo de lucro ni con egoísmo ¿te das cuenta Ernesto? hay mucha gente que sí que quiere cambiar el mundo. Poco a poco, la conciencia, mente y espíritu, se están preparando para que haya una transformación. Pero para eso se tiene que comenzar desde el principio.
            —Desde las cenizas, morir una civilización para crearse otra.
            —Exacto Ernesto. Es la Ley del Universo, nada muere, solo se transforma o evoluciona.
            —Una pregunta más, ¿los continentes son similares a los de mi tiempo? ¿tenéis mapas?
            —Pues no, los continentes han perdido parte de sus costas bajo el mar, por el aumento de nivel del mismo, por culpa de la descongelación de los polos, muchas islas han desaparecido también. Además los continentes están en expansión; es decir, se están expandiendo a lo largo de millones de años, para luego volver a contraerse. Se produce de una manera muy similar al Universo; este, al igual que nuestro planeta, se está expandiendo y contrayendo como si fuera la respiración de un ser vivo.
            —¿Y ahora en qué situación están los continentes?
            —Ahora vuelven al estado original muy lentamente. Puede que pasen hasta unos 160.000 millones de años hasta que se vuelvan a unir, pero eso desgraciadamente la humanidad no lo verá, pues el planeta se extinguirá antes por culpa del sol, puesto que este morirá, es ley de vida y del universo entero. Y respecto a si tenemos mapas, sí que los hay. No te preocupes que te los mostraré en otro momento.
            —¿Qué tipo de clima tenéis?
            —Es un clima tropical, como ya te había dicho. Hace mucho calor, pero también tenemos muchas lluvias, por eso tenemos una vegetación tan abundante y rica en especie tan diferentes –a Ernesto se le abría la boca mientras estiraba los brazos, estaba cansado–. Bien Ernesto, creo que tienes sueño. Pondremos leña en el fuego y dormiremos. Mañana seguiremos nuestra charla. ¡Ah! Y tengo que conseguirte algo de ropa para que pases desapercibido, pues como te vea alguien por casualidad, no podré evitar lo que no queremos que te hagan.
            —¡Espero que nadie me vea! ¡por lo que me conviene!
            —Nadie té verá. Por si sientes frío, además de esa manta, dispones de otra en el estante de tu derecha, dentro de un saco.
            —Gracias Shieska. ¿Cómo se dice en tu lengua buenas noches?
            —Sinesshi, que descanses.
            —¡Sinesshi Shieska Se durmieron plácida y profundamente los dos.